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Artículos
& Tesis

PSICOTERAPIA INTEGRAL
DEL PACIENTE ONCOLÓGICO Y SU FAMILIA:
UN ABORDAJE
BIO-PSICO-SOCIO-ESPIRITUAL
Daniel Gómez Montanelli *
Introducción
La Psico-oncología es una disciplina dedicada al cuidado psicosocial del
paciente con cáncer, a su familia y a los aspectos relativos al
funcionamiento del equipo tratante.
Nació a partir de 1950 con el establecimiento del primer Servicio
Psiquiátrico en el Memorial Hospital de New York, hecho que constituyó
una innovación en una época en que los factores psicosociales eran
escasamente considerados. Ello coincidió con la incorporación de la
quimioterapia, dando origen a la terapia multimodal, a partir de 1960,
que combina cirugía, radiación, quimioterapia e inmunoterapia.
Posteriormente la Psico-oncología se consolidó como disciplina a partir
de la fundación de la International Psycho-oncology Society en 1984 y de
la American Society for Psychosocial and Behavioral Oncology and AIDS en
1988. (Almanza Muñoz, J; Straker, N. & Holland, J. C.; 1999)
El enfoque psicosomático
El abordaje psicoterapéutico del paciente oncológico y su familia está
tradicionalmente dirigido a la patoneurosis del primero - provocada por
la aparición de la enfermedad - y a prevenir la instalación de
trastornos emocionales severos en el grupo familiar.
Así por ejemplo, dice el Dr. M. Die Trill: La psicoterapia con el
enfermo oncológico debe centrarse principalmente en la enfermedad y sus
implicaciones, explorándose únicamente aquellos aspectos de la vida
pasada y presente del paciente que afecten su adaptación al cáncer.
(Die Trill, M)
Ahora, si bien éste parece ser en muchos casos el enfoque más indicado,
pensamos que en otros, lleva a que, al mantenerse reprimido el conflicto
- cuya manifestación somática conocemos como cáncer - siga su evolución
sin ninguna posibilidad de cambio.
En otras palabras, al focalizarse solamente en los efectos emocionales
producidos por la aparición de la enfermedad, se tienden a dejar de
lado, las causas emocionales que pudieron conjuntamente con factores
genéticos, físicos, ambientales, etc. haber intervenido en el origen y
evolución de la misma.
En el momento en que aparece la enfermedad hay un predominio de los
cuidados activos, y una presencia menor de los cuidados paliativos. Pero
si la enfermedad avanza hay una disminución gradual de los cuidados
activos y un aumento progresivo de los paliativos. (Saunders, 1984)
Considerando que el paciente oncológico se encuentra en un área de
solapamiento entre los cuidados activos y los cuidados paliativos, el
enfoque que proponemos consiste en reintroducir -según el tipo, estadío
y momento de la enfermedad - dentro de los cuidados activos, el abordaje
psicosomático de los factores que pudieron haber incidido en el
surgimiento y curso posterior de la misma.
Históricamente hablando los primeros desarrollos sobre psicoterapia con
pacientes físicamente enfermos - cáncer incluido - surgieron con
Groddeck, von Weizsäcker, Dunbar, Alexander, Serling, Karasu, Chiozza, y
otros, desde una perspectiva psicosomática. El enfoque centrado en lo
paliativo nació posteriormente con Saunders, Holland, etc. Y, si bien,
este último tiene su área de especificidad - en virtud del solapamiento
que hablamos- no podemos decir que haya excluido completamente al
anterior.
En consecuencia, la psico-oncología debería dar cuenta de ambos; excepto
que el término psico-oncología, sólo se quiera reservar para pacientes
de cáncer en estado terminal y sin posibilidad de recuperación.
No obstante, aunque hablamos de cáncer (en singular), en realidad, el
término alude a distintos tipos y estadíos de la enfermedad. Y, tanto,
la investigación médica como psicosocial, han venido incidiendo en la
supervivencia de pacientes con esta enfermedad.
Por esa razón, el abordaje psicoterapéutico por nosotros propuesto,
oscilaría entre la posibilidad de abordar la etiopatogenia y el enfoque
paliativo.
Cabe destacar que no se trata de infundir expectativas poco realistas en
los pacientes ni de alentar falsas expectativas de curación. Pero
consideramos, que un enfoque integral del paciente oncológico - que se
precie de tal - no podría dejar de lado esta cuestión.
Pensamos con Stjernswärd, que todas las profesiones sanitarias tienen el
doble objetivo de curar y cuidar. Los enfoques curativo y paliativo no
deberían ser vistos como excluyentes sino como complementarios. Ambos
deberían estar presentes –potencialmente- como actitud de los
profesionales de la salud, a lo largo del proceso evolutivo de las
enfermedades graves, desde la fase aguda a la terminal. (Bayés, R.;
1995)
Fundamentos del enfoque psicosomático
En estas dos últimas décadas se ha producido una serie de hallazgos,
tanto en la investigación clínica como en la
psiconeuroinmoendocrinológica, tendientes a demostrar la influencia de
los estados emocionales sobre el origen y evolución del cáncer, si bien
la medida y los mecanismos, aún están sujetos a exploración.
La investigación clínica
Debemos reconocer que hasta la década del ’80 los progresos obtenidos
sobre la influencia de los factores emocionales en el cáncer no fueron
sustanciales. Aún cuando, en esa época, se disponía de datos a favor,
los mismos, distaban de ser concluyentes o presentaban resultados
contradictorios o con una gran dosis de ambigüedad.
En junio de 1985, The New England Journal of Medicine, con motivo
de incluir un trabajo de Cassileth – del que parecía desprenderse que no
existía relación entre el tipo de afrontamiento de los pacientes de
cáncer y sus tasas de supervivencia y recidivas -, aprovechaba la
ocasión para incluir un comentario editorial, en el que no sólo se
ponían en duda esta hipótesis sino que se llegó a afirmar Es hora ya
de que admitamos que la creencia en la existencia de una relación
directa entre enfermedad y estado mental es en gran medida puro folklore.
Sin embargo, a partir de la década del ochenta, los datos aportados por
las investigaciones - llevadas a cabo tanto en el laboratorio,
utilizando a mamíferos inferiores; como en la clínica, mediante
observaciones sistemáticas a nivel humano - comenzaron a cambiar este
punto de vista. Seis años después del mencionado editorial, la misma
revista - The New England Journal of Medicine, publicaba en 1991,
un trabajo prospectivo de Cohen, Tyrrell y Smith quienes mostraban la
estrecha relación existente entre los niveles psicológicos y la
vulnerabilidad a la infección viral. (Cohen S., Tyrrell D. A., & Smith
A. P.; 1991)
Pero el trabajo de Cohen et al.. no fue el único en dar cuenta de
resultados importantes en ese sentido, ni The New England Journal of
Medicine es la única revista biomédica de prestigio, que a partir de
ese entonces, publica investigaciones que muestran con gran vigor el
vínculo entre los factores psicológicos y el estado de salud y
enfermedad. (Bayés, R.; 1995)
En 1989, Spiegel, D.; Bloom J. R.; Kraemer, H. C. & Gottheil, E.;
comprobaron que una intervención psicológica sencilla, diseñada para
mejorar la calidad de vida de un grupo de pacientes oncológicos, era
capaz de influir en forma significativa en su longitud de vida.
(Spiegel, D.; Bloom, J. R.; Kraemer, H. C. & Gottheil, E.; 1989)
Esta investigación, considerada como un verdadero hito, hizo que trece
días más tarde, la revista Science le dedicara un extenso
artículo. En dicha oportunidad, la Dra. Jimmie Holland destacó:
Creo que es el primer estudio científicamente sólido que muestra
cambios en la supervivencia (del cáncer debidos a la influencia de
factores psicológicos).
En 1990, Greer, S.; Morris, T.; Pettingale, K. W. & Haybittle, J. L.;
publicaron en The Lancet, una investigación longitudinal de más
de quince años con 62 pacientes con cáncer de mama no metastásico,
respaldando la investigación anteriormente citada. (Greer, S.; Morris,
T.; Pettingale, K. W. & Haybittle, J.L.; 1990)
En 1994, Phillips, D. P.; Ruth, T. E. & Wagner, L. M.; publican en The
Lancet una investigación muy diferente a las anteriores, pero cuyos
resultados apuntan en la misma dirección (Phillips, D. P.; Ruth, T. E. &
Wagner, L. M.; 1994)
Un año antes, Fawzy Fl, Fawzy NW, Hyun CS et al. publicaron un artículo
que podría considerarse como una réplica del trabajo de Spiegel;
llegando a los mismas conclusiones. (Fawzy Fl.; Fawzy, N. W.; Hyun, C.
S. et al.; 1993).
En los últimos años, numerosos estudios plantearon que el tratamiento
psicológico, además de colaborar a mejorar el estado emocional y físico
influye sobre el sistema inmunitario contribuyendo de manera indirecta a
lograr una mayor supervivencia (Fawzy y Fawzy, 1998; Gruber et al.;
1993, Spiegel, 1989; 1992; 2001).
Las investigaciones hechas sobre estrategias de afrontamiento revelaron
que el Espíritu de Lucha es el más favorable a la adaptación de la
enfermedad porque protege al sujeto de padecer alteración emocional,
correlaciona con un mejor pronóstico y con una mejor percepción de la
calidad de vida.
Del mismo modo, se observó que la inhibición de las emociones y el no
poder hablar de ellas abiertamente tiene consecuencias psicológicas y
fisiológicas negativas (Classen et al.; 1996)
Algunos autores consideran que la mayor supervivencia podría conseguirse
al aumentar el Espíritu de Lucha (Greer, 1991; Morris et al.; 1992;
Spiegel, 2001; Tschuschke et al.; 2001) otros a través del apoyo social
propiciando la confrontación y la expresión de las emociones
(Epping-Jordan et al.; 1994; Cwikel et al.; 1997; Kreitler et al.; 1997;
Levy et al.; 1991) así como aumentando la sensación de control mediante
el afrontamiento con la muerte. (Spiegel; 2001)
Psiconeuroinmunoendocrinología (PNIE)
La PNIE es la disciplina que estudia la posible modulación de variables
críticas del sistema inmune a través de vías psicológicas.
Las investigaciones realizadas en la década del 90 demostraron que los
neuropéptidos - considerados como el substrato neuroquímico de las
emociones - ayudan a regular el tránsito de los inmunocitos provocando
una relación bidireccional entre el sistema nervioso y el sistema inmune
(Pert, C. B.; Dreher, H. E. & Ruff, M. R .; 1998)
Posteriormente, investigaciones sobre expresión de las emociones tanto
en sujetos sanos como en pacientes con HIV positivo y cáncer demostraron
correlaciones positivas y significativas entre la función inmune y el
estado de salud (Pert, C. B.; Dreher, H. E. & Ruff, M. R .; 1998).
Diferentes estudios en PNIE sugieren que factores psicológicos como
ansiedad y depresión pueden tener un importante papel en la progresión
de la enfermedad incluso en personas con mejor pronóstico. Actualmente
sabemos que el estrés y la depresión pueden exacerbar la inmunosupresión
provocando un rápido deterioro de algunos parámetros inmunológicos como
los CD4, CD y NK. (Leserman y cols. 1997; Rabking, Goetz, Remien,
Williams, Todak y Gorman 1997)
La influencia del estrés en la respuesta inmune en pacientes con cáncer
de seno tras el diagnóstico y la cirugía fue estudiada por Andersen,
Farrar & Golden-Kreutz. Los resultados de este estudio con 116 pacientes
permitieron predecir niveles significativos de estrés con una baja lisis
de células NK, así como una disminución de la respuesta de las células
NK a la recombinación con interferongama. Estos datos demuestran que el
estrés inhibe la respuesta celular inmune, incluyendo la toxicidad de
las células NK y la respuesta a las células T, que es importante para el
pronóstico de la enfermedad. (Andersen, BL; Farrar, WB. & Golden-Kreutz,
D.; 1998)
En un estudio prospectivo Tjemsland, Soreide & Matre exploraron los
aspectos psicoinmunológicos del tratamiento quirúrgico primario para
mujeres con cáncer de seno operable. Se aplicaron escalas de depresión,
de control emocional, de ansiedad y el número de linfocitos fue
analizado usando citometría de flujo. Los resultados de este estudio
permitieron establecer una correlación inversamente significativa entre
la preocupación, la ansiedad y el número de linfocitos B, T y T4. La
escala de depresión obtuvo esta correlación sólo para linfocitos B y T4,
concluyendo, de esta manera, que los parámetros psicológicos tienen un
impacto significativo en el número de linfocitos. (Tjemsland, Soreide, &
Matre;1997)
En otro estudio prospectivo, DeKeyser, Wainstock, & Rose investigaron la
relación entre ansiedad y función inmune en mujeres con sospecha de
cáncer de seno. La función inmune fue medida con los niveles de
citoquinas en suero de factor beta de transformación de crecimiento (TGF
beta) y factor alfa de necrosis tumoral (TNF alfa). Se aplicaron
igualmente escalas de ansiedad, encontrando relaciones significativas
entre los niveles de ansiedad y TNF-alfa. (DeKeyser, Wainstock & Rose;
1998)
Actualmente sabemos que no sólo el estrés crónico está asociado a la
supresión de la función inmune sino que además dicho sistema no logra
reponerse con el tiempo. (O`Leary, 1990)
En relación a las estrategias de afrontamiento: Los cambios en los
estados comportamentales y emocionales que acompañan la percepción y el
esfuerzo para adaptarse a las circunstancias externas están apoyados por
diversos cambios neuroendocrinos. (Ader & Cohen; 1995)
El afrontamiento inadecuado del cáncer representa para los pacientes uno
de los principales factores de estrés crónico que deterioran su función
inmune. Neise, Nebe & Schiller aplicaron escalas de afrontamiento a 118
pacientes que sufrían de cáncer de seno. Mediante citometría de flujo se
determinaron las poblaciones de linfocitos. Los resultados mostraron una
correlación significativa entre una actitud ansiosa y el número de
células NK (CD 16 y CD 56). Los investigadores plantean la posibilidad
de controlar las variables que influyen en el sistema inmune mediante
intervenciones psicoterapéuticas de grupos de apoyo. (Neise, Nebe &
Schiller; 1995)
Por su parte, la intervención psicosocial que enfatiza la expresión de
emociones y un afrontamiento activo ha evidenciado beneficios en
pacientes con cáncer de seno y melanoma. Este hallazgo sugiere que la
expresión emocional genera un balance en las (redes de receptores de
neuropéptidos y los procesos de curación). (Pert, C. B.; Dreher, H. E. &
Ruff; M. R .; 1998)
El paciente oncológico: Una variedad del paciente psicosomático
Según el Dr. Miguel Maturana, Jefe del Servicio de Cirugía Mamaria del
Hospital San Juan de Dios: El cáncer es un síntoma de una enfermedad
que desconocemos.
En 1905, S. Freud dijo ante el Colegio de Médicos de Viena: (...)
nosotros, los médicos, no podemos prescindir de la psicoterapia por la
sencilla razón de que la otra parte interesada en el proceso curativo, o
sea, el enfermo, no tiene la menor intención de renunciar a ella... Sin
que el médico se lo proponga, a todo tratamiento por él iniciado se
agrega en el acto, favoreciéndolo casi siempre pero también - a veces -
contrariándolo, un factor dependiente de la disposición psíquica del
enfermo... ¿No será entonces una aspiración justificada del médico la de
apoderarse de ese factor, servirse de él intencionadamente, guiarlo e
intensificarlo? Pues esto y sólo esto es lo que se propone la
psicoterapia científica. (Cit. por Chiozza, L.; 1977)
Esto quiere decir que cuando un paciente le pregunta al médico por el
por qué de su enfermedad, en realidad, le está preguntando mucho más
que por una explicación física.
Luis Chiozza, hace una distinción muy importante entre lo que es la
causa y el sentido de una enfermedad. Para este autor, mientras la
Medicina sólo puede pronunciarse en el terreno de las causas físicas, la
psicología - o si se prefiere, el psicoanálisis - puede ayudarnos a
comprender el sentido de la enfermedad. Dice Chiozza: Mediante la
estreptomicina o el ácido paraminosalicílico, que atacan al bacilo de
Koch, tratamos a un enfermo de tuberculosis y obtenemos una mejoría. Sin
embargo, el bacilo de Koch no es la causa de la tuberculosis; es una
condición necesaria pero no suficiente, ya que se lo encuentra en
personas que no padecen esta enfermedad. (...) (Chiozza, L.; 1977)
En cuanto profundizamos en el estudio de cualquiera de las
enfermedades que intentamos reconocer o individualizar, descubrimos que
la ciencia a la cual estamos habituados nos esclarece el cómo de la
enfermedad, sin que jamás nos ofrezca una respuesta con respecto a ese
"por qué" que tanto interesa al paciente y que suele confundirse con el
concepto casi místico de una causa primera.
Pensamos como sostiene Chiozza, más adelante, que La investigación
psicoanalítica puede brindarnos el descubrimiento de condiciones
necesarias en el terreno de la constelación anímica. (...) (Chiozza,
L.; 1977)
Y más aún: Muchas veces pensamos que la constelación biográfica ha
dejado de actuar una vez producido el desenlace, cuando en realidad
continúa recreando cotidianamente a la enfermedad. La evidencia de
nuestros sentidos contribuye a este engaño. Cuando la enfermedad altera
la materia que llamamos cuerpo y aparece un epitelioma sobre la piel que
antes estaba sana, tendemos a pensar que el trastorno ya se realizó y
permanece emancipado de la causa que lo produjo en un "acto único". Sin
embargo, el trastorno que altera la forma del cuerpo va más allá de la
materia captable por medio de los órganos sensoriales y de los aparatos
que, como el microscopio, amplían el campo de acción de los sentidos. Si
pensamos en el hecho de que en unos pocos días ni uno solo de los átomos
que constituyen nuestro cuerpo permanece en él, sino que todos más o
menos rápidamente son reemplazados por otros que ocupan su lugar, nos
damos cuenta de que el epitelioma o aquel otro tumor que comprime el
esófago, no permanece, materialmente hablando, sino que se recrea
continuamente, como el mismo cuerpo, a partir de nuevos átomos de la
misma sustancia. Lo único que permanece es la configuración de la
estructura formal; la materia se renueva. Consideramos a las
enfermedades psicosomáticas - cáncer incluido - como trastornos
narcisistas en los que predomina la escisión del aparato psíquico del
sujeto. (Chiozza, L.; 1977)
Las enfermedades psicosomáticas: Son estados en los que fracasan los
medios de expresión psíquica del conflicto, el espacio mental para la
fantasía está anulado y la tensión es drenada corporalmente. A nivel
mental aparece un blanco con el que el paciente se siente preservado de
la sensación de angustia. (Fischbein; J.1986)
P. Marty y M. de M’Uzan señalan un modo característico de pensamiento
que denominan pensamiento operatorio.
Se trata de un pensamiento técnicamente correcto e incluso fecundo a
nivel abstracto. Su contenido es predominantemente racional, pragmático
y tenazmente adherido a la descripción de lo circunstancial. Estas
manifestaciones verbales, impersonales, que pueden ser breves o muy
detalladas se caracterizan por su gran exactitud y referencia a la
realidad.
Lo más llamativo es la falta de referencia a un ‘objeto interno
vivo’: la conexión con el funcionamiento fantasmático es pobre. Sabemos
por Freud que el pensamiento está integrado por la actividad
fantasmática y por juicios ordenados por la razón. En estas estructuras
falla precisamente esta integración.
Los pacientes a los que nos estamos refiriendo tienen incapacidad para
producir el salto de lo psíquico a lo mental, entonces lo mental aparece
como separado, disociado de lo psíquico funcionando en un sentido
meramente operativo. Esto hace que aparezcan como sanos mentalmente,
hipercuerdos o -como ciertos autores han puesto en evidencia al resaltar
un rasgo característico- hiperadaptados. Su mente, en el sentido
operativo, funciona normalmente (mejor aún: no puede dejar de funcionar
operativamente; la hiperadaptación y la cordura son imprescindibles para
evitar la ruptura del equilibrio narcisista que se encuentra amenazado
en ellos). (Chevnik, M.1983)
Alexitimia y enfermedad
La alexitimia es un rasgo psicológico caracterizado por la dificultad
para verbalizar sentimientos, lo cual ha sido asociado con un número de
enfermedades incluyendo asma bronquial y cáncer. Con el fin de entender
cómo las variables psicológicas como la alexitimia afectan la salud
física, Dewaraja, Tanigawa & Araki compararon subconjuntos de linfocitos
en 97 hombres catalogados como alexitímicos en mayor o menor grado de
acuerdo con la Escala de Alexitimia de Toronto. Según los resultados,
cuando la alexitimia fue considerada como variable categórica, los
hombres con mayor grado de alexitimia tuvieron valores
significativamente bajos en la toxicidad de las células NK; y cuando la
alexitimia fue considerada como una variable continua el conteo de
células CD8 y CD11 fue significativamente bajo. Estos resultados indican
que la modulación negativa de la inmunidad celular, especialmente de los
linfocitos citotóxicos, podría ser un mecanismo que, combinado con otros
factores que tienen un efecto negativo sobre el sistema inmune como el
estrés, permiten asociar la alexitimia y la enfermedad. (Dewaraja,
R.; et al.; 1997)
Con el fin de medir una posible relación entre alexitimia y neoplasia
cervical intraepitelial (CIN) y función inmunológica de linfocitos,
Toradello, Cassamassima & Marinaccio estudiaron 36 mujeres sanas y 26
mujeres afectadas por CIN I, II, III quienes desconocían su estado. Los
resultados de este estudio reportaron que las mujeres alexitímicas
muestran niveles bajos en todos los subconjuntos de linfocitos en
comparación con las no alexitímicas, esto parece confirmar los datos
registrados por otros autores quienes plantean que ciertos rasgos de
personalidad caracterizados por inhibición emocional están relacionados
con una gran vulnerabilidad al cáncer. Dicha relación podría estar
mediada por la función de los linfocitos. (Toradello, O. et al.;
1994). Una réplica posterior de este estudio, realizada por los
mismos investigadores, confirmó los resultados mencionados anteriormente.
(Toradello, O. et al.; 1997), (Rico, J.; 2000)
Psicoterapia del paciente oncológico
Un informe más detallado sobre nuestra propuesta fue publicado en la
Enciclopedia digital sobre Tratamientos en Psico-oncología,
organizada por la Asociación Médica Argentina y el Hospital Municipal de
Oncología Marie Curie de Buenos Aires. Nuestro marco referencial
comprende los aportes provenientes de la psicología
cognitivo-conductual, el psicoanálisis, la psicología humanista (terapia
gestáltica, psicodrama, análisis bioenergético, terapia sistémica,
logoterapia) y de la psicología transpersonal; así como de ejercicios de
relajación y de elaboración de imágenes mentales (también llamada
imaginería o visualización); y de los Cuidados Paliativos.
Frente a la diversidad de escuelas y sistemas psicológicos, como los que
hemos mencionado, queremos recordar que la psicología transpersonal
aspira a alcanzar una visión unitaria a través de un enfoque
pluridimensional de la conciencia:
Ha quedado perfectamente claro que la totalidad del espectro de la
experiencia humana no puede ser descrito por un solo sistema psicológico
y que cada nivel importante de la evolución de la conciencia necesita un
marco explicativo diferente. (Grof; 1988)
De manera tal, que nuestro abordaje no consiste en una postura ecléctica
sino que siguiendo a Grof (Grof, S.; 1988), Wilber (Wilber, K.; 1990),
Vaughan (Vaughan, F.;1991), y a otros representantes del movimiento
transpersonal consideramos que cada escuela de psicología o psicoterapia
trata de manera específica sobre distintos niveles del fenómeno total de
la conciencia. Como respondiera Abraham Maslow, cuando le preguntaron
cómo era su forma de trabajar; él dijo: A veces soy conductista,
otras veces hago psicoanálisis, y otras, psicología humanista o
transpersonal.
Asimismo en estos últimos años, la OMS, el Instituto Nacional del Cáncer
de Estados Unidos y el movimiento internacional sobre cuidados
paliativos con C. Saunders, J. Holland, E. Kübler Ross, R. Twycross y
otros, ha puesto de relieve la necesidad de considerar la dimensión
espiritual del hombre. Del reconocimiento de esta dimensión de la
naturaleza humana deviene nuestro enfoque bio-psico-socio-espiritual.
Consideramos que el abordaje psicoterapéutico del paciente oncológico
–según sea el tipo, estadio y momento de su enfermedad- debe tener en
cuenta su doble circunstancia: Que por un lado se trata de un paciente
psicosomático con un alto nivel de sobreadaptación y por el otro de la
manifestación física de un trastorno que puede ser de carácter terminal.
En consecuencia, el objetivo del enfoque psicosomático –complementario
del enfoque paliativo- es que el drama que no pudo ser elaborado y que
ha sido descargado en el cuerpo pueda encontrar el camino de la
simbolización, y de esta manera, ser integrado al dominio de la
conciencia. En el decir de Mc. Dougall, la simbolización es lo que
posibilita que el cuerpo pueda devenir en palabra psíquica, que las
sensaciones se transformen en sentimientos y el sentido en
significación.
Las técnicas gestálticas, psicodramáticas y bioenergéticas posibilitan
la emergencia de estas emociones, y luego, de los aspectos ideativos
correspondientes que permiten verbalizar las situaciones reprimidas.
El valor terapéutico del desarrollo de la expresión reside en que a
través de actividades concretas , el individuo tiene cada vez más fácil
acceso a su acontecer interior y una más fácil manera de comunicarlo.
(...) El medio expresivo funcionará entonces como elemento que acelera o
posibilita la salida de un contenido que no era visible.(...) Siempre me
ha resultado de gran interés la definición que el maestro Vicente Forte
ha dado para explicar su necesidad de pintar. Dice textualmente: Yo
pinto para librar mis imágenes de un encierro sofocante, de esa manera
me logro como hombre y perfecciono mi expresión. Creo en el mundo del
inconsciente por su inherencia en el ser; si mis imágenes resultan raras
al ojo común, no soy culpable si el hombre no quiere internarse en el
fondo de su naturaleza para identificarse conmigo. No ignoro las leyes
de la plástica, conceptos y dogmas que establecen formas, pero creo que
aquellas surgen calientes, intensas, de la fantasía creadora de mi ser.
(Moccio, F.; 1977)
Por su parte, Dalmiro Bustos escribe en relación al psicodrama: El
psicodrama también permite explorar el nivel cenestésico, concretizando
la tensión a la que alude el paciente, o dirigirnos hacia el nivel
afectivo, cuando es a este nivel que el conflicto se manifiesta de
manera más evidente. En todos los casos la búsqueda nos lleva a integrar
los niveles afectivo, tensional o cenestésico y recuperar la
representación simbólica. (Bustos, D.; 1992)
Esta afirmación de Bustos, se encuentra en el fundamento de la
psicoterapia humanística, y de las terapias expresivas, en general.
Utilizando el modelo
referencial de Pichon Riviére podemos decir que es como si el paciente
psicosomático se presentara solamente en las áreas cuerpo y
mundo externo; y en consecuencia la psicoterapia tendería a “crear”
el área mente posibilitando una mejor simbolización. Como dice
Niko Kazantzakis: La palabra para alcanzarme debe convertirse en
carne tibia. Sólo comprendo cuando puedo oler, ver y tocar. (Cit.
por Moccio, F.; 1977)
Terapia familiar
La profunda crisis que implica el diagnóstico de cáncer en un miembro
del grupo familiar, hace necesario el abordaje psicoterapéutico del
paciente y su familia. (Fisman, N.; 1983)
Por esa razón, paralelamente al trabajo que realizamos con el paciente,
también trabajamos con su familia. El modo como cada familia lo vive y
lo procesa es algo que depende de la estructura y modalidad previa de la
familia así como también si el miembro es un adulto, un adolescente o un
niño.
A partir del diagnóstico, el equilibrio interno de la familia se
desbalancea, se percibe una amenaza de caos que exige a cada miembro
emplear los mejores recursos adaptativos que dispone. (Fonnegra de
Jaramillo, I.; 1992)
Las sesiones de terapia familiar previenen la instalación de trastornos
emocionales severos. El aporte psicológico debe tender a lograr la
disminución de la tensión y de las ansiedades del grupo familiar, para
permitirles la elaboración de nuevos patrones de adaptación que
faciliten su desempeño en esta nueva circunstancia vital que les toca
vivir: contar en su seno con un enfermo grave, con riesgo de muerte.
(Fisman, N.; 1983)
Nuestra actividad comprende:
a) Sesiones de terapia con los familiares del paciente.
b) Sesiones de terapia conjunta del paciente y su familia.
c) Sesiones de psicoterapia de apoyo a miembros del grupo familiar.
La elección de cualquiera de estas alternativas depende de las
características del paciente, de su familia, y del momento del proceso
en que se encuentran.
Y, en caso de muerte del paciente, también incluimos el acompañamiento
durante el proceso de duelo.
Salud y Espiritualidad en pacientes oncológicos
Desde el año 2002, la OMS reconoce que más allá de lo físico, de lo
psíquico y de lo social, existe un dominio espiritual. Dice la OMS, en
su definición sobre Medicina Paliativa:
El Cuidado Paliativo es un abordaje que mejora la calidad de vida de
los pacientes y sus familiares, frente a los problemas asociados a
enfermedades que amenazan la vida, a través de la prevención y alivio
del sufrimiento, mediante la temprana identificación y evaluación
precisa del dolor y otros problemas físicos, psicosociales y
espirituales. (OMS, 2002)
Coping o afrontamiento religioso/espiritual
Muchos pacientes de cáncer se apoyan en la espiritualidad o en la
religión como forma de hacerle frente a la enfermedad. (www.nihr.org)
El coping espiritual/religioso es el uso que los pacientes hacen de sus
creencias o prácticas espirituales a fin de reducir el estrés causado
por las pérdidas, los cambios y las circunstancias que están fuera de su
control. (Koenig, H.; 2005)
Esto es así, porque detrás de los momentos difíciles, palpamos que se
esconde algo valioso, y ese valor, que está relacionado con el sentido
de la vida, nos remite a algo trascendente. Como decía Nietzsche:
Quien tiene un para qué vivir es capaz de soportar casi cualquier cómo.
Y, efectivamente, cuando los pacientes le encuentran un sentido y una
finalidad a su sufrimiento, éste se hace mas tolerable. (Lang EV,
Benotsch EG, Fick LJ et al. 2000; Post SG, Puchalski CM, Larson DB,
2000)
Espiritualidad y religión
Si bien, históricamente hablando, religión y espiritualidad, han sido
dos formas de expresar una misma realidad, la convención del uso ha ido
estableciendo una distinción entre ambas.
La religión se puede
definir como un conjunto específico de creencias y prácticas
generalmente relacionadas con un grupo social organizado; mientras que
la espiritualidad está en relación con lo intangible de la vida,
incluyendo la relación con uno mismo, con los demás, y con algo que es
más grande que nosotros mismos, que nos integra, nos trasciende y le da
un sentido a nuestra existencia.
La espiritualidad puede expresarse por medio de una religión organizada,
pero también a través de una filosofía y de una ética de vida, de una
creencia, de una vocación artística, de una vocación de servicio en
relación con los demás, o de cualquier otra forma. De manera tal, que
una persona puede considerarse a sí misma como espiritual, sin por ello
tener que identificarse con una confesión religiosa.
Beneficios
Entre los beneficios de la espiritualidad en relación a la salud, en
pacientes oncológicos, encontramos:
- Menor nivel de incomodidad, ansiedad, hostilidad y aislamiento
social (Acklin, M. W.; Brown, E. C.; Mauger, P. A.; 1983;
Kaczorowski, J. M.; 1989; McCullough, M.E.; Hoyt, W. T.; Larson, D. B.;
et al.; 2000)
- Menor aflicción y mejor calidad de vida independientemente de la
percepción que se tenga de la gravedad de la enfermedad (Laubmeier,
K. K. Zakowski, S. G.; Bair, J. P.; 2004)
- Menor índice de mortalidad y de depresión (Koenig, H. G.;
Kohen, H. G.; Blazer D. G.; et al.; 1992)
- Menor período de convalecencia (Mueller, P. S; Plevak, D. J.;
Rummans, T. A.; 2001)
- En personas con creencias religiosas específicas, se ha visto mayor
nivel de esperanza, optimismo, falta de arrepentimiento y satisfacción
con la vida (Weisman A. D.; Worden J. W.; 1976-77; Pargament, K. I.;
1997)
- Bienestar espiritual, especialmente sentimiento de paz y capacidad
para continuar disfrutando de la vida a pesar de los altos grados de
dolor o fatiga (Brady, M. J.; Peterman, A. H.; Fitchett, G.t al.;
1999)
- Y en aquellos que han superado la enfermedad: sentimiento de
crecimiento interior (Carpenter, J. S.; Brockopp, D. Y.;
Andrykowski, M. A.; 1999)
Por otra parte, la práctica religiosa o vida espiritual tiende a
inculcar hábitos de vida saludables como una dieta uniforme y
equilibrada, una vida ordenada, prevención de las enfermedades, etc.
(Rummans, T. A.; Bostwick, J. M.; Clark, M. M.; 2001).
Y se piensa que prácticas como la oración, meditación y la adoración
generan emociones y actitudes positivas como esperanza, amor, serenidad
y perdón, limitando al mismo tiempo, los sentimientos de hostilidad.
(Mueller, P. S.; Plevak, D. J.; Rummans, T. A.; 2001)
Aflicción espiritual
Así como, anteriormente, hablamos de los beneficios, se ha comprobado
que la aflicción espiritual, puede contribuir a resultados sanitarios
más deficientes. La aflicción espiritual consiste en una duda o
conflicto religioso, espiritual o existencial que no se ha resuelto.
Sabemos que los pacientes pueden ver la enfermedad como un desafío pero
también pueden entrar en conflicto con su sistema de creencias. Pueden
experimentar pérdida de fe, preguntarse por el sentido de la enfermedad,
de la vida, del dolor, etc. y también pueden tener conflictos entre sus
creencias y las recomendaciones terapéuticas. (Holland, 1999)
Evaluación de las necesidades espirituales
Según el Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos: Dada la
importancia que la religión y la espiritualidad tienen para los
pacientes, es vital integrar la evaluación de estas necesidades dentro
de la atención médica, incluida la atención ambulatoria. Mejores
herramientas para la evaluación harán más fácil discernir los aspectos
de adaptación religiosa y espiritual que pueden ser relevantes para el
ajuste específico de un paciente a la enfermedad. (www.nihr.org)
En la actualidad hay un conjunto de cuestionarios y de entrevistas
estandarizadas para recoger información sobre los pacientes y cuya
validez ya ha sido probada. El uso de estos instrumentos como parte del
relevamiento de la historia clínica no sólo permitiría explorar las
creencias y prácticas espirituales, su uso como fuente de fortaleza, las
implicancias que las creencias pueden tener sobre las decisiones
terapéuticas (puesto que hay pacientes que por sus creencias religiosas
no seguirían hay determinados tipos de tratamiento, aún en situaciones
límites), y además abriría un espacio de diálogo en la relación paciente
y terapeuta, muchas veces, deseado por el paciente, como lo señalan las
estadísticas.
El Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos ha realizado el
siguiente cuadro comparativo con los instrumentos de evaluación, por
ellos, recomendados (www.nihr.org):
|
Evaluación de la
religión y la espiritualidad en los pacientes de cáncer -
Instrumento |
Creador |
Propósito /
Foco /
Subescala (no.) |
¿Específica para
pacientes de cáncer? |
Grado de desarrollo
psicométrico |
Duración /
Otras
caracte-rísticas /
Comentarios |
|
Inventario de
Creencias
(SBI-15R) |
Holland, et al. |
Dos factores:
Creencias/ experi-encia; apoyo social religioso |
Sí |
Alto |
4 elementos presumen
fe en Dios |
|
IRD/DUREL |
Sherman, et al. |
Participación
religiosa |
Sí |
Moderado |
- |
|
FACIT-Sp |
Brady, et al.;
Peterman |
Dos factores:
Significado y paz, fe |
Sí |
Alto; datos limitados
para la validación cruzada |
Parte de la serie
sobre calidad de vida FACT-G |
|
R-COPE Breve |
Pargament, et al. |
Dos factores:
Adaptación positi-va; adaptación negativa/ sufri-miento |
No |
Muy alto |
- |
|
Escala
Multidimen-sional de Fetzer |
Fetzer |
Subescalas múltiples |
No |
Alto; en desarrollo |
- |
|
FICA: Enfoque
espiritual |
Puchalski, et al. |
Historia espiritual
breve |
No |
Bajo |
Evaluación de la
entrevista por MD |
|
SPIRIT |
Maugans |
Entrevista en
profundidad con preguntas guiadas |
No |
Bajo |
Evaluación de la
entrevista por MD |
Pacientes no creyentes
Si el paciente no tiene intereses de carácter religioso/espiritual, se
puede focalizar la atención en cómo se relaciona con su enfermedad, qué
es lo que le da un significado o un sentido a su vida, qué ideas tiene
que puedan influir sobre su tratamiento y si cuenta o no con personas
que lo puedan cuidar en su hogar. (Koenig, H. G.; 2005)
Otra alternativa para estas personas, es la participación en grupos de
apoyo que traten sobre el significado de enfermedad sin enmarcar
necesariamente estos temas dentro de cuestiones espirituales o
religiosas.
Varios estudios aleatorios con pacientes de cáncer han demostrado que la
psicoterapia de grupo puede influir favorablemente en la supervivencia.
Y, si bien, en algún momento, posiblemente surgieron temas relacionados
con la espiritualidad, estos grupos no hicieron hincapié en los mismos.
( Spiegel, D.; Bloom, J. R.; Kraemer H.; et al.; 1989; Fawzy, FI.;
Fawzy, N. W.; Hyun, C. S.; et al.; 1993)
El enfoque paliativo
Hace dieciséis años la OMS lanzó un Programa General de Control del
Cáncer que comprendía: 1) Prevención, 2) Diagnóstico precoz y
tratamiento y 3) Alivio del dolor canceroso y cuidados paliativos.
(Twycross, R.; 1994)
Esto quiere decir, que desde el punto de vista de la medicina
preventiva, todo el esfuerzo debe orientarse en primer término a evitar
la aparición de la enfermedad; si la enfermedad aparece, a ser detectada
a la brevedad y tratada; y si la enfermedad ha avanzado inevitablemente,
a garantizarle tanto al paciente como a su familia -a través de los
cuidados paliativos- la máxima calidad de vida hasta el final. Como dice
el viejo adagio: La misión del médico es curar a veces, aliviar
otras, pero consolar siempre.
Se está difundiendo cada vez más, la posibilidad de que las personas
pasen sus últimos días en su propio hogar. E. K. Ross recomienda
transformar la habitación principal de la casa en un verdadero espacio
vital. La razón por la que elige esta sala en lugar del dormitorio está
en su proximidad con la cocina, con los aromas del café o de la sopa
sobre el fuego, con la ventana desde donde suele verse el jardín, con la
llegada de la primavera, con los árboles en flor, con el cartero que se
acerca calle arriba, con los niños que vuelven a casa de la escuela.
Queríamos dice K. Ross que estos pacientes vivieran hasta el
último instante, y que no se los desterrase a un dormitorio aislado. En
sus veladores había flores recogidas por los niños en lugar de monitores
y equipos de transfusiones. Tampoco había respiradores en la sala, a
excepción de un ocasional tanque de oxígeno para facilitar la
respiración, de tan fácil manejo que incluso un niño podía contribuir al
cuidado de su hermano o hermana moribundos y sentirse, así, también
capaz de calmar en alguna medida las molestias de este ser querido.
(Kübler-Ross, E.; 1991)
No obstante, hay personas que no tienen familia. Hay cánceres que
producen grandes incomodidades y pestilencias. Hay ancianos que no
tienen fuerza para cuidar de su pareja enferma, o cuyas manos
temblorosas ya no pueden partir una pastilla. La alternativa para todas
estas personas es la internación en instituciones especializadas. En
algunos países como en Gran Bretaña, Estados Unidos, India, Argentina,
etc los hospices, son lugares especialmente acondicionados para recibir
a pacientes en su último tiempo de vida.
Para muchos pacientes la muerte se hace más fácil cuando saben que
sus seres queridos continuarán viviendo y serán cuidados cuando ellos ya
no estén físicamente. Esto puede suponer una serie de cuestiones
financieras, como saber cómo se llevará a cabo la educación de los
hijos, y también otras cuestiones emocionales y más personales. Para un
moribundo puede ser un alivio saber que su esposa sobrevivirá y
continuará su vida después, aunque le eche de menos. Es útil que la
pareja y la familia hablen de esto.
La presencia de los seres queridos es uno de los mayores consuelos que
se puede dar a una persona. El mero hecho de saber que no se está solo,
supone un apoyo maravilloso para el paciente. Por otra parte, tiene
mucho significado para el paciente saber que su familia le ama y que le
echará de menos. Esto le ayuda a reducir la que tal vez sea la mayor
ansiedad del moribundo, el miedo a dejar de existir por completo.
(Matthews-Simonton, S.; 1989)
Dice Stephanie Matthews:
He conocido a personas que estaban muriendo y que se sentían enormemente
en paz porque sabían que habían amado y habían sido amadas.
(Matthews-Simonton, S.; 1989)
Consideraciones finales
La Fundación Allan Kardec recibe pacientes oncológicos en cualquier
estadío de su enfermedad. Con cada persona que se acerca en busca de
ayuda para enfrentar su problema procuramos tener una actitud de
esperanza pero sin perder el contacto con la realidad.
A veces se observan remisiones, otras veces, la enfermedad se detiene, y
otras sigue su curso hasta el final, pero en todos los casos, la
transformación personal estuvo y estará siempre presente. Aunque pueda
parecer paradojal, para algunos pacientes que acompañamos hasta el
final, su enfermedad y el tiempo que hemos compartido con ellos y con su
familia ha constituido la experiencia más valiosa de sus vidas.
La muerte no constituye un fracaso del paciente, ni de la familia, ni
del equipo tratante. La muerte es la última etapa de la vida. Y
precisamente porque es la última, es también, la más importante. Del
mismo modo que la psicología clínica y la psicología evolutiva han
puesto énfasis en cada una de las crisis vitales ha llegado el momento
de integrar el morir y la muerte.
En esta sociedad tan impersonal de números y masas, quienes nos hemos
dedicado a trabajar en psicosocioncología, nos hemos decidido acompañar
y a experimentar en alguna medida el dolor y la pérdida de los otros.
Los hemos consolado y estado a su lado en los momentos más difíciles. Y
aunque ellos ya no estén, han sabido que no estaban solos, porque
nosotros hemos elegido compartir esta experiencia con ellos.
* Daniel E. Gómez
Montanelli es Lic. en Psicología (UBA) con especialización en Medicina
Psicosomática (UBA); Psico-socio-oncología y Cuidados Paliativos (UNLP)
y Bioética (FLACSO).
Psicoterapeuta de orientación humanística y transpersonal (Grof
Transpersonal Training, USA). Docente de los Cursos de Extensión
Universitaria de la Universidad de Buenos Aires.
Miembro Fundador y Director de la Fundación Allan Kardec.
Secretario de la Federación Médico Espírita de Argentina.
Lic. Daniel E. Gómez
Montanelli
Te: (5411) 4803-3903
República de la India P. 1 Depto. “B”
1425 – Buenos Aires – República Argentina
e-mail:
fund_allankardec@yahoo.com.ar
http://www.geocities.com/fundacion_ak
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