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Artículos
& Tesis

REENCARNACIÓN Y
HOMOSEXUALIDAD
Ricardo Di Bernardi *
Al contrario de lo que muchos puedan imaginar, la posición de la
Doctrina Espírita no es de condena al homosexual. Además, la filosofía
espírita no posee la característica de condenar cualquier acto o
postura. En vez de ello, estudia y comprende el origen de los problemas
procurando esclarecer a los individuos y no condenarlos.
Todas las tendencias, vocaciones o inclinaciones psicológicas no son
resultantes tan sólo de nuestra vida actual. Nuestra historia es mucho
más antigua y compleja de lo que pueda parecer. Si fuera verdad que la
gestación es una frase extremamente importante en la transmisión de
energías mentales de la madre hacia el hijo y viceversa, si es real que
nuestro psiquismo se consolida a través de las experiencias de las
diversas etapas infantiles y juveniles, hay mucho más además de esto.
Traemos en los archivos más profundos del inconsciente una suma de
vivencias tanto felices como desagradables. Alegrías, decepciones,
momentos de éxtasis o traumas violentos fueron asimilados por nosotros
en vidas pasadas. Construimos energías, en nosotros mismos, que podrán
permanecer con nosotros durante siglos.
No es posible, según la óptica del conocimiento reencarnacionista,
limitarnos a una visión reduccionista relativa a pocas décadas de una
existencia, cuando tenemos información de que somos seres humanos que
reencarnan desde hace muchos millares de años.
No se trata de dogma de fe o de ciega creencia. Se trata de
documentación obtenida a través de relatos de espíritus desencarnados,
documentación a través de memoria extracerebral en la cual, personas
recuerdan, espontáneamente, vidas pasadas y documentación obtenida por
terapias regresivas a vivencias pretéritas. Existen una infinidad de
experiencias, de las más diversas órdenes, que comprueba que nuestro
psiquismo es el resultado de una larga caminata.
Así que, cualquier peculiaridad comportamental nuestra, sea en la esfera
sexual, sea en cualquier otra esfera, necesita ser atendida por la
cosmovisión espírita. La homosexualidad, por lo tanto, no será la
excepción, pues se trata de una característica bastante expresiva y
determinante de importantes repercusiones individuales, familiares y
sociales.
Es importante resaltar que la homosexualidad no ocurre, simplemente, por
el campo de sexo biológico de una encarnación a otra. Esto quiere decir
que, si una mujer necesita renacer como hombre, o viceversa, este hecho
por si sólo jamás determinará cualquier comportamiento en la esfera de
la homosexualidad.
Hombre y mujer que están armonizados y en sintonía con su sexualidad, al
reencarnar en el sexo opuesto continuarán emitiendo armoniosamente su
energía sexual. El chacra genésico que trabaja en equilibrio expresará
esta normalidad por el vehículo corporal, conforme su fisiología y
anatomía por las cuales se expresa en la nueva existencia física.
La adaptación se hace automáticamente, cuando no hay disturbios
anteriores. La espiritualidad siempre nos esclarece que la reencarnación
en sexo diferente del anterior, no acarrea disturbios homosexuales, y la
propia lógica nos lleva a esta conclusión, pues la ley universal del
renacimiento visa armonizar a las criaturas y no generar dificultades y
conflictos innecesarios.
Conforme ya comentamos en otros escritos, en nuestro planeta existen tan
sólo 2 sexos biológicos: el masculino, proveniente de la unión de un
espermatozoide Y con un óvulo, y el femenino, proveniente de la unión de
un espermatozoide X también con el óvulo.
A pesar de, en su naturaleza íntima, el espíritu no tiene sexo, las
experiencias de las vidas pasadas determinan una nítida polarización
energética del espíritu reencarnante, con características masculinas o
femeninas.
También es verdad, que el espíritu humano posee en las energías
sexuales, uno de los mecanismos de su propio progreso espiritual,
incluso porque son adquisiciones seculares, y constantemente renovadas
por las nuevas encarnaciones.
Los espíritus en fase evolutiva compatible con el planeta Tierra poseen,
normalmente, las fuerzas sexuales inclinadas o hacia la polarización
masculina o hacia la polarización femenina. Quien visualiza la
respetable figura de Bezerra de Menezes siempre lo ve como una figura
masculina, inclusive con barba, etc.… De la misma forma, en las visiones
de la falange de María ellos son típicamente femeninos.
En un nivel más periférico, y personal, diría que no hay como confundir
la figura de mi padre desencarnado con, por ejemplo, mi tía. Observamos,
por lo tanto, que los espíritus masculinos así como los femeninos
expresan en sus energías la tendencia sexual que les es natural y de
conformidad con sus inclinaciones psíquicas.
Las peculiaridades psico-sexuales de un espíritu determinan, de esta
forma, su expresión física o su organización biológica, en lo que se
refiere al aspecto de su cuerpo astral. Por lo tanto, el cuerpo
espiritual es el reflejo de su mente.
Conforme ya estudiamos, al reencarnar, el espíritu, ligándose al óvulo,
transmite sus vibraciones tipificando, automáticamente, su polaridad
sexual. A través de esta polaridad sexual transmitida por el cuerpo
espiritual al óvulo, ésta atraerá al espermatozoide X (femenino) o Y
(masculino) que determinará el sexo biológico de la futura encarnación.
Se concluye, por este motivo, que el sexo biológico será siempre el
adecuado a las características psico-sexuales del espíritu.
La homosexualidad es una dificultad de adaptación del espíritu a su
condición biológica. En este grupo, incluimos a todos los individuos en
desequilibrio sexual con su organismo que buscan ejercer la fisiología
sexual con personas del mismo sexo, en incompatible práctica con la
naturaleza que elaboró dos sexos opuestos o complementarios.
Se trata de un desajuste, algo a corregir, amparado y tratado con
respeto. No siendo perseguido o discriminado, pero tampoco encubierto
bajo la falsa interpretación de “una libre opción sexual”. No existe un
3º, 4º u otro sexo. Existen, en nuestro planeta, tan sólo dos y de
polaridad opuesta.
La no discriminación del homosexual y el respeto que se debe tener hacia
estos hermanos no excluye, sin embargo, que se trata de una dificultad
sexual de los mismos. Dificultades o desajustes emocionales (o físicos),
acaban siempre en una patología.
Cuando se menciona el término patología hay, inmediatamente, una
reacción de determinados grupos, pues la asocian a la discriminación.
Volvemos a insistir, el homosexual no esta siendo excluido por la
doctrina espírita, al contrario, es comprendido y amparado. Lo que
constituye una patología es, pues, su inadaptación psíquica a una
realidad biológica programada para la existencia actual.
El origen del comportamiento homosexual se debe a un conflicto entre
estructuras del consciente, u organización biológica, y las regiones del
inconsciente o estructuras espirituales, en desarmonía energética.
Conforme sabemos, cualquier postura mental genera núcleos de vibración
en las estructuras del inconsciente. Posturas mentales, reforzadas por
actitudes, intensifican esos campos de vibración. De esta forma, se
comprende que actitudes de exacerbación sexual con desvíos de conducta,
especialmente cuando perjudican a otros individuos, se graban
indeleblemente en los campos energéticos de los espíritus.
Al reencarnar, estos desvíos energéticos, o exacerbaciones de la
polaridad sexual, determinan conflictos psico-sexuales serios,
especialmente, si los espíritus necesitan renacer en sexo opuesto de la
reencarnación anterior.
Los conflictos entre el consciente (físico), y el inconsciente
(espíritu), pueden tener, también, origen en vivencias de esta
existencia actual.
Si fuera verdad que disturbios de las vidas anteriores pueden ser
determinantes de desarmonías energéticas en la esfera psico-sexual, el
inconsciente también registra innumerables hechos de la existencia
presente.
Podemos dividir, didácticamente, el inconsciente en dos partes
principales: inconsciente presente e inconsciente pretérito.
En el inconsciente presente, o actual, están archivadas las experiencias
de esta encarnación que, por ser recientes, poseen gran influencia en la
configuración psicológica de todos nosotros. El inconsciente pretérito
constituye una franja mucho más amplia, pero, en ciertos casos, puede
tener una extensión menos preponderante que las vivencias más recientes.
Cada caso es estrictamente personal, por lo tanto, diferente de un
individuo a otro.
Desde el inicio de la gestación, pasando por la infancia y adolescencia,
el espíritu vive las más diferentes situaciones en el área de la
sexualidad. Así como muchos problemas tienen origen en la vida actual,
frecuentemente, situaciones antiguas son recordadas o reforzadas en esta
vida por errores de educación, padres violentos, abandono, agresión del
medio ambiente, etc., que, conforme las particularidades de cada
psiquismo, generan, repulsan la identificación con el sexo opuesto.
La homosexualidad, o inadaptación al sexo biológico es, por lo tanto,
resultado de un conflicto entre zonas del inconsciente, (actual y/o
pasado) con las estructuras de la zona consciente.
En determinada ocasión, cuando fuimos invitados para dar una conferencia
sobre el tema a un grupo de adolescentes, un joven me solicitó una
explicación, bajo el punto de vista energético, del porque la
homosexualidad no era normal. Me sugirió una idea que en aquella ocasión
me pareció adecuada:
- Si usted mira aquel enchufe de la pared, observará que hay dos
orificios; ¿por qué?
- Todo el mundo lo sabe, uno para el hilo positivo y otro para el
negativo.
- ¿Por qué no pueden ser dos hilos positivos o negativos?
- Porque la corriente, para funcionar, necesita polos opuestos.
- ¿Qué ocurriría si yo pusiera sólo hilos de igual polaridad?
- O usted se lleva un latigazo eléctrico (dijo riendo), o la lámpara no
se encenderá.
- Pues eso mismo es lo que acontece con relación a la sexualidad. Es
necesario entender que, también, hay comunión de energías entre la
pareja. Se establece un circuito fluídico-vibratorio intenso entre los
dos.
Un hombre y una mujer permutan cargas magnéticas de polarización
complementaria que los realimenta psíquicamente. Una pareja, normalmente
adaptada a su fisiología, al amarse y mantener relaciones sexuales
intercambian intensamente, ondas de energía que al complementarse
absorben otras, por sintonía, de los planos energéticos superiores.
El propio éxtasis sexual es una abertura magnética para la absorción de
estas energías que los ampara, en términos de vibración psíquica.
Como que en las uniones homosexuales la polaridad energética no se
complementa, hay dificultades en que ocurra el proceso descrito. Es
común, en los homosexuales, la insatisfacción íntima o sensación de
vacío interior por ausencia de la complementariedad energética en las
relaciones, lo que puede determinar consecuencias más o menos graves.
No pretendemos agotar un tema tan complejo y doloroso. En términos de
terapéutica, recomendaríamos que un minucioso acompañamiento psicológico
y espiritual fuera hecho a los hermanos con esta dificultad.
Tenemos por ejemplo un homosexual del sexo masculino. En vez de buscar
relaciones sexuales en la cual desempeñaría el papel inverso al de su
fisiología, deberá drenar estas fuerzas hacia actividades compatibles
con esta energía femenina.
Un error común, cometido por muchos padres, es matricular al niño en
aulas de boxeo u otro deporte para “machos”. Tal actitud agrava las
dificultades del joven que necesita una canalización sana de los
instintos opuestos a su morfología.
Se le deben ofrecer actividades que sean afines con su psiquismo. No
esconder o reprimir, sino direccional bajo supervisión, hacia el arte,
la música, o incluso hacia la ciencia, según el caso.
* Médico especialista en
Pediatría y Homeopatía, Presidente de lo ICEF – Instituto de Cultura
Espírita de la ciudad de Florianópolis. Fundador de la AME SC -
Asociación Médico Espirita del Estado de Santa Catarina y autor de 5
libros dos de ellos publicados en idioma español por la Editora Espirita
Allan Kardec, Málaga, España: “Gestación: Sublime Intercambio” y
“Reencarnación y Evolución de las especies”.
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