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¿LA REENCARNACIÓN DIFICULTA EL LIBRE ARBITRIO DEL SER HUMANO?


Ricardo Di Bernardi *

 


Muchas veces, la argumentación que nos es presentada en oposición a la filosofía reencarnacionista se basa en la siguiente conclusión: Si tuviésemos realmente una sola vida, no estaríamos sujetos a un pasado que nos ata a determinadas situaciones.
La vida única nos daría, dentro de las limitaciones circunstanciales, libertad de acción sin vínculos a un pasado remoto. Y, como los reencarnacionistas ven en la vida actual una continuidad de vidas pretéritas, el ser humano perdería la capacidad de trazar su propio camino. Sus vidas anteriores le determinarían el destino.
Al abordar esta cuestión, podríamos buscar subsidios en diversas fuentes, pero optaremos por un autor imprevisto a nuestros respetados preguntadores: Pitágoras. Matemático y filósofo, Pitágoras hace 25 siglos atrás ya nos presentaba un profundo y bello raciocinio filosófico con relación a la cuestión del libre albedrío y del determinismo.
El anunciador del famoso Teorema de Pitágoras, “El cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos”, en un triángulo rectángulo; establece una sorprendente relación entre las variables del Teorema y la concepción reencarnacionista.
El Pitagorismo fue un movimiento religioso, filosófico y científico. Su metafísica enseñaba las vidas sucesivas y la purificación del alma a través del conocimiento; una doctrina esotérica que hablaba de la realidad por detrás del mundo invisible, que es de esencia matemática. Las teorías de este movimiento tuvieron raíces, según se cree, en Egipto y en China.
La doctrina pitagórica consideraba como esencial el papel del número en la naturaleza. Por su matemática sistemática contribuyó a la formación del racionalismo occidental y, por su mística de los números se ligó a la magia y a las filosofías esotéricas.
Conforme Pitágoras había aprendido de los chinos, el destino tenía el logaritmo 5, la voluntad humana el 5, y la providencia divina el logaritmo 3.
Al ser preguntado por uno de sus alumnos sobre el tema del “libre arbitrio y determinismo, en la elaboración del destino”, el eminente y venerable matemático demuestra una capacidad impar de unir sus conocimientos en la ciencia de los números con la filosofía.
Dice a su interlocutor y discípulo, que nuestro libre arbitrio o libertad de trazar nuestro destino, de hecho existe, pero está ligado al determinismo de las leyes naturales. Coloca, como haciendo una analogía con el Teorema del triángulo rectángulo, que el destino será la resultante de la suma (al cuadrado) del libre arbitrio con el determinismo de la naturaleza.
Profundizando todavía más su digresión filosófica, dice Pitágoras ser el libre arbitrio equivalente al lado mayor (cateto mayor) del triángulo, porque su peso sobre nuestro destino es más expresivo que las propias leyes naturales (cateto menor del triángulo), por el hecho de las mismas ser inmutables y perfectas.
Las “Leyes de la Naturaleza” o el determinismo de la providencia divina apenas responden a nuestros actos, los cuales son los mayores responsables de las consecuencias en nuestras vidas.
Tenemos entonces que Libre Arbitrio + Determinismo = Destino. Sin embargo a través de la visión reencarnacionista de la filosofía pitagórica, el famoso matemático fu mucho más allá complementando la ecuación de forma exacta.
Explicó que nuestro destino es desdoblado al cuadrado, o sea, en dos dimensiones. En la dimensión física y en la dimensión espiritual. (Correspondiendo a: (4x4)+(3x3)=5x5). Con ello, quiso decir que nuestro arbitrio el número 4 de la ecuación, al desdoblarse al cuadrado, actuante tanto en la dimensión física como en la dimensión espiritual.
De la misma forma, el determinismo de las leyes naturales, el número 3 de la ecuación, al desdoblarse al cuadrado, actuaría en los planos: físico y extrafísico. Ídem al destino (número 5).
Según el pitagorismo, en el mundo astral cogeremos un destino resultante del factor libre arbitrio integrado al determinismo de las leyes de la naturaleza o providencia divina.
De forma análoga, aquí en el mundo físico el destino que hoy vivimos resultó y resulta aún, fundamentalmente, de nuestra voluntad que surgió libremente sin embargo, interactuando con las mismas leyes.
Continuamos, actualmente en el mundo material, poseyendo libertad de acción. A cada instante, el poder de decisión tiene siempre un peso más expresivo que el determinismo de la providencia divina. Cabe a cada individualidad actuar intensamente utilizando el factor correspondiente al cateto mayor del triángulo rectángulo, para obtener en su destino, una hipotenusa correspondiente al valor esperado.
No somos meras marionetas en manos del pasado. Somos artífices de nuestro propio futuro. La reencarnación es siempre un ejercicio de crecimiento íntimo, un ofrecimiento de nuevas oportunidades. El aspecto determinista de la misma fue siempre resultante de un libre arbitrio previo, en la visión espiritista el “Karma” no es absoluto o estático.
A cada momento es posible redimensionar las situaciones generando, a través de actitudes nobles, condiciones más favorables de vida por intermedio del continuo esfuerzo, o sea, por el Libre Arbitrio, tenemos no sólo la posibilidad sino el deber de interferir en nuestro destino.
¡¡¡Ya lo decía Pitágoras!!!

 

 

* Médico especialista en Pediatría y Homeopatía, Presidente de lo ICEF – Instituto de Cultura Espírita de la ciudad de Florianópolis. Fundador de la AME SC - Asociación Médico Espirita del Estado de Santa Catarina y autor de 5 libros dos de ellos publicados en idioma español por la Editora Espirita Allan Kardec, Málaga, España: “Gestación: Sublime Intercambio” y “Reencarnación y Evolución de las especies”.

 

 

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